La encontré un día en que la neblina de lo cotidiano rodea todo y nada nuevo sorprende mi alma, pero allí estaba ella un nuevo contacto agregado a mi Messenger cruzamos palabras y fue en lo intelectual y personal simplemente seductora y caí allí redondo. Le pregunte si nos podíamos ver y ella acepto, luego pregunte donde y dijo en Tucumán me sonó desconocido el nombre por lo que ahonde la pregunta a lo cual recibí el nombre del País Argentina.
Simplemente perfecta para mí pero lejana, que frustrante broma del destino, pero aún así no dejó de inquietarme cada día por la tardes y algunos fines de semana. El secuestro del perro de Enrique, doparlo para ello, sus poemas y algunas otras diabluras mías adornaban nuestras tardes de largas conversas mientras nos confesábamos todo sin censura. Nos conocíamos más a cada paso y nos amamos. Aún recuerdo sus hermosos y vivaces ojos negros como los de una gata agazapada en el tejado.
Lo esencial es invisible a los ojos, siempre recuerdo su sabia frase cuando aún no tenía dinero suficiente para costearme una campaña aceptable a Tucumán Argentina por un mes por lo menos. Pero aún me quedan las ganas de ella y los recuerdos de los caracoles blancos en su jardín, su guitarra que me daba celos por su cercanía a ella y ese clima de 40 grados de calor con lluvias torrenciales en otoño. Soledad en Argentina, extrañada soledad.






